domingo, 21 de septiembre de 2014

¿El fin de la economía del talento?

Hay palabras que de tanto usarse se agotan y acaban provocando cansancio.

Supongo que esto pasa en todos los ramos, pero en RRHH, a mí eso me ocurre con ‘liderazgo’, ‘talento’ y algunas más que de usarse para todo, acaban sin un verdadero significado real. Es por esto que, de partida, uno ya sospecha de textos con estas palabras en el título (cómo este post).

Reconozco que esto me ocurrió al principio con un reciente artículo : “The Rise (and Likely Fall) of the Talent Economy(“El ascenso (y probable caída) de la Economía del Talento”) publicado en la Harvard Business Review.

Pero quizá fue el título amenazador (¿la caída del talento?) o la explicación en primera persona de su autor, Roger Martin, en la entrevista que le acompañaba lo que logró llamarme la atención. Me pareció relevante y me inspiró algunas conexiones que me impulsaron a escribir este post.

Para empezar, intento resumir el contenido que Martin expone en su artículo:


  •  La economía de las últimas décadas, se define por el aumento del peso del ‘talento’ frente a los otros factores clásicos de producción: las materias primas, y el capital.
  • La interpretación de ‘talento’ que se deduce del artículo es claramente restrictiva: entiende como ‘talento’ a aquellas personas con capacidades realmente especiales (normalmente asociadas al conocimiento y la creatividad) y que logran ponerlo en valor, frente a una mayoría de personas que realizan trabajos menos críticos y que podrían ser sustituidas por otra persona rápidamente o, peor aún, por la creciente automatización de tareas.
  • Como ejemplo de este  ‘talento’ realmente exclusivo que ha ido ganando fuerza en los últimos años , cita la anécdota del celebre director de cine George Lucas, que tras el tremendo éxito obtenido en La Guerra de las Galaxias, logró un acuerdo con el estudio Paramount nunca visto en el sector para producir “En Busca del Arca Perdida”, que además contaría con otro ‘talento insustituible’ para dirigirla, el joven Steven Spielberg. El estudio pondría todo el dinero, correría con todo el riesgo y ellos se llevarían una parte sustancial de los beneficios. O lo tomas o lo dejas. Eisner, el presidente de Paramount por entonces, lo bautizó ‘the killer deal’ (el acuerdo asesino)… y lo aceptó.
  • El artículo es crítico con este creciente peso del talento-élite que considera excesivo, por contribuir a generar una cada vez mayor desigualdad, recordando que en realidad representa un mínimo porcentaje de la población : No todos somos George Lucas o Steven Spielberg.
  • Además – y ese es el principal problema-, este  ‘talento’ que se está llevando la mayor parte del pastel de la economía, no incluye únicamente a geniales creativos, sino fundamentalmente a gestores que han logrado una fuerte posición en sus organizaciones, que les permite negociar muy a su favor: CEOs ‘estrella’,  responsables de fondos de inversión, y otros profesionales similares que han ido incrementando espectacularmente sus beneficios desde los años 80, a través de vincular sus retribuciones con el precio de las acciones en la bolsa y el reparto de beneficios.  Como ejemplo, cita que la lista Forbes de las 400 personas más ricas de USA se está llenando por momentos con los nombres de gestores de ‘hedge-funds’. Aunque veo en la lista a personas que en verdad han revolucionado el mundo como Bill Gates o  los creadores de Google, pero no puedo evitar preguntarme cuantos de estos 400 ‘talentos’ realmente son tan excepcionales e insustituibles (por cierto, George Lucas está en el puesto 109 y Steven Spielberg en el 151).
  • Avisa el artículo que esto es insostenible, sobretodo en los países democráticos donde una gran parte de la población que vota está viendo cómo su participación en los beneficios es cada vez menor. Hoy mismo, un artículo del New York Times incidía en esto.


Este texto me ha recordado otro reciente artículo de William Lazonick en que se alertaba de la tendencia creciente a usar los beneficios de las compañías, no para innovar o mejorar el nivel de vida de sus colaboradores, sino para recomprar masivamente las propias acciones en bolsa de la compañía lo que eleva su precio y, de este modo, dispara las ganancias de sus accionistas (en gran parte sus máximos directivos que tienen en gran parte vinculada su retribución a estas acciones). En el artículo se describe esta tendencia como el paso de un modelo de creación de valor a otro de extracción de valor.

Que estos dos textos salgan en relativamente poco tiempo y en la Harvard Business Review (no sospechosa precisamente de ser comunista radical) quizá debería ser mayor signo de alarma.

Este ‘talento extractivo’, que tiene la mirada puesta en sí mismo y en el corto plazo, se está haciendo inmensamente rico a base de reducir el margen para el resto de las personas y limitando gravemente los recursos disponibles para las inversiones en crecimiento e innovación.
  
A parte del problema de reparto de la riqueza, me da la sensación de que pagaremos en algún momento el bloqueo de recursos destinados a innovación que se deriva de esta ‘extracción excesiva’ por parte de unos pocos.

Precisamente, ando escribiendo esto a la vez que también leo sobre el grave problema de la resistencia a los antibióticos que amenaza seriamente con volvernos a los tiempos en que la gente moría por una pequeña infección – no hace tanto de esto-, y cómo esto va a requerir enormes inversiones en investigación y visión a largo plazo…. y se me ocurre que deberíamos tener más presente cuál es el verdadero TALENTO en el que deberíamos invertir para quizá volver a darle sentido a esta palabra.


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