miércoles, 13 de enero de 2021

¿Hacia una semana laboral de 4 días?



En 1930, John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, dictó una conferencia en Madrid titulada ‘La posible situación económica de nuestros nietos’. En ella hizo una predicción que más tarde se hizo célebre: en 2030 trabajaríamos únicamente15 horas semanales debido al imparable progreso. 

 

El pronóstico parecía perfectamente razonable en un mundo donde la ciencia y la tecnología aceleraban la productividad a la vez que las reivindicaciones obreras se abrían camino espoleadas por las durísimas condiciones de trabajo de la Revolución Industrial.

 

Unos años antes, en abril de 1919, España se había convertido en el primer país del mundo en implantar por ley la jornada laboral de 8 horas (seis días a la semana) de manera generalizada tras las huelgas de “La Canadiense”, una fábrica textil en Barcelona. 

 

Ese mismo año, esta jornada de 48 horas semanales fue precisamente la base de la primera resolución propuesta por una recientemente creada Organización Internacional del Trabajo, paulatinamente ratificada por los países miembros en los años siguientes. 

 

En 1926, Ford Motor Company, una compañía símbolo de la modernidad por aquel entonces, fue más allá todavía y se adelantó al resto de las empresas, reduciendo la jornada laboral a cinco días de ocho horas: las hoy en día muy comunes 40 horas semanales. 

 

Ante estas señales, parecía evidente pues que la tendencia era imparable y que a medida que fuéramos más eficientes produciendo, en una nueva época de abundancia, trabajaríamos mucho menos.


lunes, 9 de noviembre de 2020

Menos es más

Nota: Este artículo se publicó anteriormente en Capital Humano



Fiel hasta el final, el viejo horno microondas de la familia cumplió con creces su cometido durante veinte años hasta que un día decidió dejar de funcionar. Al llegar su sustituto a la cocina, descubrimos rápidamente que la tecnología había evolucionado más rápido que nosotros: donde nuestro difunto aparato ofrecía únicamente un par de sencillos mandos para seleccionar el tiempo y la potencia, su nueva versión dispone de un teclado con una docena de botones plateados y su correspondiente pantalla que permiten con toda seguridad controlar el más mínimo detalle al cocinar... y quizá hasta manejar la estación espacial. Por primera vez, nos vimos obligados a buscar en el manual de un aparato de estas características como calentar el café de la mañana y seguimos en el proceso de aprender a descongelar la cena.

 

Estacionar en las zonas restringidas de la ciudad, también se ha complicado últimamente: lo que hace unos años requería únicamente dejar caer unas monedas en el parquímetro y colocar el papelito resultante en el vehículo, actualmente se ha transformado en proceder a instalar una aplicación en el teléfono móvil, que una vez configurada, si hay cobertura, batería suficiente y si nada más falla, le evita a uno la odisea de enfrentarse a la cola de usuarios bloqueados ante las nuevas máquinas, ahora réplicas perfectas del tablero de mandos de un avión comercial.

 

Y un tercer caso: Durante una visita a mi taller, al intentar darme cita para una reparación del coche, el amable técnico chocó irremediablemente contra la obstinación de su tableta digital último modelo, que se negaba a hacer tal gestión. Tras un buen rato intentando resolver el problema informático, el buen hombre finalmente me recomendó hacer el trámite a través de la página web del concesionario. Al llegar a casa, reservé sin problemas una cita que el desdichado empleado no había logrado agendar en el propio establecimiento en presencia del cliente.


domingo, 10 de mayo de 2020

Lo imposible








Nota: Este artículo se publicó también en Capital Humano

Hace tan sólo unas semanas que ahora nos parecen muy lejanas, la “gestión de personas” en las organizaciones transcurría despreocupadamente con sus ritmos y dinámicas habituales. La atención de la mayoría de los equipos de Recursos Humanos estaba centrada por aquel entonces en atraer a los mejores profesionales, crear un buen clima laboral, gestionar planes de formación y por supuesto mantener engrasada la maquinaria administrativa que siempre requiere tener empleados en nómina.

Algunas organizaciones más avanzadas se esforzaban además por llevar a cabo proyectos de ‘transformación cultural’ o quizá incluso programas de Reskilling ante las perspectivas que el futuro del trabajo y la llegada de los robots nos dejaban entrever.

Mientras tanto, por aquí nos tomamos las noticias que llegaban de Oriente, como si no fueran con nosotros. En Wuhan, un lugar en el mapa que descubrimos entonces, un extraño virus estaba generando miles de muertos y encerrando a millones de ciudadanos en sus casas. Nos preocupamos un poco por el abastecimiento de nuestras fábricas, pero seguimos con lo nuestro. Al fin y al cabo, China es un país muy distinto y estas cosas, ya se sabe, siempre les ocurren a los demás.

Y entonces todo cambió.

domingo, 14 de abril de 2019

El cambio climático y el futuro del trabajo


El movimiento FridaysForFuture, impulsado por la joven activista noruega Greta Thunberg,recientemente nominada al premio Nobel de la Paz, constituye la última muestra de la creciente reacción de la sociedad ante el deterioro del medioambiente y más en particular a los efectos del cambio climático. En esta ocasión son los más jóvenes los que lideran un movimiento que con toda probabilidad irá a más en los próximos años. Los herederos del planeta están tomando consciencia del estado en que se lo hemos dejado y no les gusta nada.

Empezamos ya a comprender como funcionaba el calentamiento global a finales del siglo XIX (como curiosidad, uno de los primeros en levantar la alarma fue el científico Svante Arrhenius, un lejano pariente de Greta). Desde entonces, hemos acumulado décadas de pruebas que demuestran sin lugar a duda que este peligroso mecanismo está en marcha. 

martes, 29 de enero de 2019

Trabajar para un futuro mejor

Resultat d'imatges de ILO

En 1919 se fundó la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Acababa de firmarse la paz que ponía fin a la Primera Guerra Mundial y sus fundadores eran plenamente conscientes del papel que la desigualdad social y las pésimas condiciones de trabajo emergidas durante la veloz industrialización de la época jugaron en encender las chispas del conflicto. 

Durante los años que siguieron, la OIT produjo convenios y recomendaciones que poco a poco establecieron los derechos básicos del trabajo que, al menos en las partes más beneficiadas del mundo, hoy en día damos por garantizados, como la libertad sindical, la abolición del trabajo forzoso o el establecimiento de una la edad mínima para trabajar.

Las recomendaciones de la OIT son ratificadas por los distintos países y trasladadas a la legislación, por lo que influyen de manera decisiva sobre la realidad que vivirán los trabajadores en todo el mundo.

Cuando se van a cumplir cien años desde su fundación, nos encontramos de nuevo frente a profundos cambios que afectan al mundo del trabajo: el imparable avance tecnológico, las tendencias demográficas o el cambio climático. Estas fuerzas aportarán sin duda nuevas oportunidades, pero también traen consigo la amenaza de aumentar la desigualdad, poniendo de nuevo sobre la mesa la misión originaria de la OIT, de asegurar un ‘contrato social’ que garantice una estabilidad duradera.

martes, 15 de mayo de 2018

Spain is different


Resultat d'imatges de foxize futuro del trabajo



continuación, reproduzco el texto de un artículo que escribí para el libro colaborativo impulsado por Foxize, Impact Hub y Malt en que 30 autores dábamos nuestra opinión sobre el futuro del trabajo. En mi caso, me centré en esta ocasión en señalar las diferencias que España presenta en cuanto a las tendencias que se suelen identificar. Te puedes descargar el libro completo en este enlace.



Debido a la magnitud de los cambios que implica, el futuro del trabajo en ocasiones se suele asimilar con un problema tan complejo como el del cambio climático: Distintas ‘tormentas’ como la deslocalización de trabajos a países con mano de obra más barata, la amenaza de la automatización de muchas tareas o, más recientemente, la llegada de las plataformas de trabajo de la denominada “economía colaborativa” están impactando en todo el mundo en la manera en que trabajamos, poniendo en crisis incluso el concepto de lo que entendemos por ‘trabajo’ en sí mismo.

Como en el caso de su equivalente en el clima, aunque tener la visión del impacto de estas tendencias en todo el mundo es importante, también lo es entender el alcance de los efectos a un nivel más local. Una gran tormenta en una parte del globo puede ser una suave brisa en otra. No es lo mismo pensar en el trabajo en un suburbio pobre de la India que en un barrio acomodado de Silicon Valley. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

¡Sal de tu burbuja!





El revelador libro ‘El Fitro Burbuja’ de Eli Pariser empieza explicando el sutil cambio en el buscador de Google a finales de 2009 a raíz del cual los resultados de las búsquedas se volvieron ‘personalizados’: Aunque la mayoría no es consciente de esto, a partir de ese momento, todos vemos resultados distintos cuando buscamos algo en Internet.

Con ese cambio, se daba un paso importante para cumplir el sueño de sus fundadores Page y Brin: un buscador que prácticamente sepa antes que tú lo que estás buscando y te facilite la respuesta precisa. La puesta en marcha de una constelación de aplicaciones -también de Google- que requieren que te identifiques como el famoso Gmail, permite a los algoritmos a través de tu historial de búsquedas anteriores y otros muchos datos, conocer tus intereses para poder ajustar mejor los resultados a ellos.

El otro gigante de la información, Facebook, también utiliza algoritmos para presentarte las noticias que sabe que te van a gustar más según tu historial de ‘likes’ e igualmente Netflix y Amazon te recomiendan películas o productos ajustados a tus intereses. Esta tendencia se ha extendido a los proveedores de contenidos más tradicionales, como las versiones digitales de los periódicos que también ajustan algunas de las noticias que ves a tu ‘personalidad digital’.  A su vez ,esta es vendida a distintos operadores en tiempo real por empresas menos conocidas como Acxiom. Busca información sobre un producto, y este te perseguirá por todas las webs que visites hasta que lo compres (y probablemente incluso mucho después).