sábado, 12 de enero de 2013

¿Trabajar desde la nube?



Arthur C.Clarke, el gran escritor de ciencia ficción autor de obras tan famosas como “2001 :Odisea en el espacio”se aventuraba a aventurar en este vídeo de 1964 que los nuevos sistemas de telecomunicaciones globales que por aquel entonces se estaban empezando a desarrollar harían posible que en el mítico año 2000 la mayoría de los trabajos se realizaran a distancia. Ponía como ejemplo más futurista que un neurocirujano de Edimbugo operaría a pacientes en Nueva Zelanda. Decía Clarke, que al llegar a este punto, el rol tradicional de las ciudades como concentración de la actividad productiva perdería su sentido y que dejaríamos de desplazarnos para ir a trabajar, pudiendo hacerlo desde nuestra propia casa.


Clarke acertó en que la tecnología haría posible el trabajo a distancia incluso en su ejemplo propuesto: en 2001 un paciente en Francia fue operado de la vesícula mediante un brazo robótico controlado desde Nueva York.

Pero los atascos en las grandes ciudades todas las mañanas son la dolorosa prueba de que no acertó tanto en cuanto a  una adopción masiva del tele-trabajo (en USA, se estima que  únicamente un 20% aproximadamente trabaja desde casa a tiempo total o parcial).

Dejando a un lado las posibilidades tecnológicas,  desde la Revolución Industrial, la organización del trabajo continúa centrada en un modelo en que la unidad de producción es “la empresa” que por tanto es la generadora de “puestos de trabajo” que ocupan “empleados”. En tanto que concentradoras de recursos y empleados las empresas se agrupan en centros urbanos densos que siguen creciendo y a los que tenemos que desplazarnos. La ONU prevé que la población urbana mundial continúe creciendo del actual 52% al 67% previsto para  el año 2050 lo que acarreará retos importantes de sostenibilidad.

Por tanto, creo que el reto real para que algún día el sueño de Clarke sea realidad pasa por la evolución del modelo productivo y cómo se organiza el trabajo.

En un conocido estudio sobre el futuro del trabajo de PWC publicado en 2007, se apuntaban tres grandes posibilidades (mundos) de evolución del sistema:


- El 'mundo azul’ donde las grandes compañías continúan creciendo en el entorno globalizado y concentran el capital humano, que es gestionado desde los departamentos de RH cada vez más especializados.
- El mundo verde’ donde las corporaciones siguen teniendo peso, pero con mucha más responsabilidad social que la actual.
El mundo ‘naranja’ donde la fragmentación se imponía y las grandes corporaciones daban paso a las redes y la presencia local (“Small is beautiful!”).  En este escenario, las personas  se especializan, trabajan por proyectos (freelances) , gestionan su propio desarrollo y además lo hacen desde cualquier lugar conectado a Internet.


Yo diría que, aunque estamos viviendo la carrera de los tres modelos y faltará ver si alguno logra imponerse a los otros, el ‘mundo naranja’ ha encontrado su terreno ideal en los sectores más relacionados con el conocimiento, gracias a que la tecnología está haciendo posible tanto el trabajo a distancia como que las ‘unidades de producción’ pasen a ser empresas más pequeñas funcionando en red, personas individuales de manera autónoma o sus combinaciones. 
Como dirían los tecnólogos, se empieza a imponer el modelo de ‘Talent as a Service’ de la misma manera que el uso de aplicaciones informáticas en la nube en vez de en propiedad (Software as a Service) se ha hecho más popular.

Impacto global

Uno de los impactos del trabajo a distancia es lógicamente que la ubicación geográfica ya no es importante y que se puede ‘producir’ desde cualquier parte del planeta. Esto está haciendo su aparición precisamente en un mundo desequilibrado donde una gran parte de la población ha vivido hasta ahora aislada de la ‘riqueza’ de la otra parte.
El traslado de la producción física de bienes (deslocalización) a estos países les ha permitido empezar a jugar en la economía global, pero manteniendo el control en el ‘primer mundo’.  Este escenario, cambia radicalmente si la ‘unidad de producción’ son las personas y estas tienen acceso a Internet. (China es ya el primer país del mundo en usuarios absolutos de Internet por delante de USA, India el tercero y Brasil el quinto a pesar de presentar aún  índices de penetración muy por debajo de los países ‘ricos’).
La fórmula de unir los países con los salarios más bajos con el mayor acceso a Internet es imparable en este nuevo esquema.

Los nuevos mercados de trabajo

Pero como llegan estos millones de nuevos usuarios de Internet a recibir los ‘encargos’ por su trabajo desde la otra parte del mundo si además no hay una empresa por en medio?
Pues como en muchos otros casos en Internet, la red está eliminando intermediarios permitiendo poner en contacto directamente al que tiene la necesidad con el que es capaz de cubrirla y han aparecido los ‘work-marketplace’ que están en plena explosión con unas cifras espectaculares. Para citar algunos casos:

-  Odesk.com es una compañía  fundada en 2003 que actualmente tiene registrados 2,5 millones de personas que ofrecen sus servicios de todo tipo (desde programación a traducciones). El ‘contratador’ únicamente ha de escoger entre las personas individuales o configurar un equipo remoto que trabajará en su proyecto. Al final del trabajo, puede valorarlo aumentando la reputación del trabajador en la plataforma, lo que le permite también ir aumentando su tarifa (de la misma manera que valoramos un libro en Amazon). Por cierto, es un éxito incontestable como empresa: 26 Millones de dólares en ingresos en 2011 con apenas 70 empleados.

-Elance.com: 140.000 clientes activos que contratan trabajos a 1,4 Millones de usuarios registrados en 158 países, generando un movimiento de 500 millones de dólares.

-Amazon Mechanical Turk: Una versión para trabajos de poco valor añadido que envía miles de micro-tareas (duración desde segundos a pocos días) llamadas ‘HITs’ (Human Intelligence Tasks) a unos 500.000 trabajadores en 190 países.

-Nubelo.com: En este caso, he tenido la suerte de conocer al entusiasta director general de esta iniciativa con sede en Barcelona, Francesc Font, un joven emprendedor que conceptualiza sus pensamientos respecto a esto en su libro ‘La empresa híbrida’ que se puede descargar gratuitamente en su portal.
En su caso, han apostado por lo que denominan el ‘silo cultural hispano’, la comunidad hispano-hablante que comparte además del idioma, un estilo de hacer similar que facilita mucho el trabajo a distancia.
En el apenas un año que lleva funcionando ya han conseguido generar una comunidad de 25.000 freelance de todo tipo (Diseñadores, Traductores, Servicios de Internet, Programadores, Abogados,…) que lo usan para recibir encargos de unas 7.000 empresas, por un valor aproximado de 1,8 millones de euros.

A estos portales de intermediación laboral, habría que añadir los ya existentes de intercambio de los productos físicos muchas veces también realizados por freelance desde cualquier parte como es el caso de ‘Etsy’ que está permitiendo poner en el mercado global cosas ‘hechas a mano’ en cualquier parte del mundo generando un mercado de 100 millones de dólares mensuales.

Impactos en el desarrollo de las personas

En este modelo emergente, las personas son responsables de su carrera profesional y de conseguir que su oferta de valor destaque en los nuevos mercados digitales. Es previsible que la especialización, la marca personal y las competencias asociadas a la emprendeduría van a ganar en relevancia.

En cuanto al ‘liderazgo’, al desaparecer las estructuras jerárquicas formales (el liderazgo impuesto), es probable que deba construirse entorno a la dinamización de comunidades y a ser un referente respetado en ellas por el conocimiento y aportaciones (el liderazgo otorgado).

Las áreas de RH de las empresas que aun manteniendo plantilla propia quieran acceder a este cada vez mayor talento remoto deberán pasar a ser dinamizadoras de estas comunidades de profesionales y estructurar una oferta de valor que facilite que estos quieran trabajar preferentemente con ellas.

Por último, físicamente las oficinas deberán irse transformando de ‘lugares de trabajo’ a ‘lugares de encuentro’, donde se producirá el contacto humano y casual que hace surgir la innovación. En esta línea están apareciendo en las ciudades lugares de ‘co-working’ que dan respuesta a esto. Un buen ejemplo es la red de Hubs  con centros en todo el mundo (en España, tras el de Madrid, se está creando uno en Barcelona).



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